El Pueblo de Santa Fe: Mujeres formando comunidad

Mtra. Victoria Isabel Otañez Mazariegos. Jefa de Unidad D. de Servicios de Extensión a la Comunidad.

Al poniente de la Ciudad de México, entre barrancas e ideas de la Utopía, en “los campos floridos”, emerge el Pueblo de Santa Fe. Cargado de prejuicios, tráfico y calles inclinadas, en una realidad distinta de su vecino corporativo, está el mundo incomprendido.

La memoria, el anhelo, los sueños y esperanzas aparecen como contención a las condiciones de rechazo y deterioro, que, en palabras de sus mismos habitantes, sufren.

Ante este escenario, “las mujeres del poniente” se motivan a través de sus propias historias de vida para experimentar de forma distinta al Pueblo de Santa Fe y a sus colonias populares. Asumen la responsabilidad y el papel de maestras. Estas mujeres forman, guían, preparan, enseñan. Son escuela, hogar y resistencia. Son pilares en los Pilares. Construyen comunidad.

Las mujeres fesantinas, como los brotes de acaxochic, florecen como “reparadoras de espacios”. Derriban barreras ideológicas y sociales, desvanecen límites fronterizos que dividen y crean puentes de orgullo y pertenencia. Usan sus propios recursos para llevar a cabo su labor social, basada en la perspectiva de cohesión y confianza.

La vida cotidiana en el Pueblo de Santa Fe ofrece una visión distinta a las mujeres, dando origen a proyectos de trabajo basados en aprender todo de todos, fundamentados en el diálogo y la escucha. Ya sea realizando servicios sociales, orientando sobre Derechos Humanos, visibilizando el trabajo de instituciones comunitarias o promoviendo apoyo emocional, todas tienen bondades para contagiar. Y siempre reúnen fuerzas para llevar a cabo la acción comunitaria.

Estas mujeres nos enseñan una lección vital: podemos ser grandes maestras de vida. Hacer la tarea de formar comunidad a pesar de los obstáculos. Agarrar lo bueno de las situaciones y avanzar. Entre todos, tan diversos y tan parecidos, compartiendo espacios para enseñar y aprender, se puede. Gracias a las Juanitas, Anitas, Jovitas, Sofías, Chuys, por correr el riego, contribuyendo sin presunción y sin intereses personales, a abrir el corazón comunitario y hacer vibrar al Pueblo de Santa Fe.

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